Roba el tiempo que me sobra y llénalo con tu risa. Que rellene el eco de mi soberbia y que me quite la idea de que puedo vivir sin ti. Quiero que entres a hurtadillas por los espacios que se me ha olvidado sellar y que desde dentro destruyas esa barrera inquebrantable que me separa del nosotros.miércoles, 1 de junio de 2011
Roba.me
Roba el tiempo que me sobra y llénalo con tu risa. Que rellene el eco de mi soberbia y que me quite la idea de que puedo vivir sin ti. Quiero que entres a hurtadillas por los espacios que se me ha olvidado sellar y que desde dentro destruyas esa barrera inquebrantable que me separa del nosotros.miércoles, 4 de mayo de 2011
Corre.
Me da miedo ver parado a alguien en esta ciudad de celeridad. El pitido impaciente del metro nos hace correr desesperados, exasperados, irritados para colarnos por la rendija de sus puertas. La gente deja espacio en las escaleras mecánicas para subir ansioso por el lado izquierdo. Nos adelantamos por las calles, nos pisamos, nos volvemos ciegos. No eres nadie, no miras a los ojos, vamos vendados por nuestra rutina y quehaceres, ensordecidos por nuestras responsabilidades. Ver a alguien parado es ver a alguien maquinando, observando. No finge que tiene algo que hacer, contempla y eso, en Barcelona, me asusta.
En Tenerife me daba miedo ver a alguien correr, porque eso significaba que huía, allí, o la gente va con tiempo a los sitios o los sitios esperan por las personas, aquí, el tiempo se precipita sobre ti. Cuando alguien está parado no deserta de si mismo con preocupaciones banales, el tiempo le sobra y puede dedicarse a hurtar en la vida de los demás, en pensar en otro más que en si mismo (tal vez, porque entre tanto tiempo ya ha podido conocerse o tal vez porque no le interesa saber quién es). Me preocupa más este hecho en sí que si su intención es colar su mano en mi bolso.
Huí de Tenerife porque odiaba que se entrometieran en mi vida, gente que no sabe de mí, más que mi forma de vestir. Pensar que aquí hay personas que tienen tiempo para hacerlo, me aterra y a la misma vez, contagiada por ese esquema axial que sigue Barcelona de no preocuparte más allá de ti mismo y tu neurosis, me importa menos que lo que me importaría en mi isla.
Aquí no importa que tus pies vayan más rápido que tu cabeza, un pie detrás de otro siempre conduce a un sitio. Si piensas a dónde vas o si te planteas siquiera si vas a llegar te retrasas en una lucha por ser alguien. Por eso corres, para ser el primero en cruzar la meta.
sábado, 30 de abril de 2011
Feliz día de la madre, mamá.
No pecaré de rutinaria y diré que mi madre es la mejor del mundo, pero sí diré que mi madre es la mejor de mi mundo, ese que se ha ido construyendo gracias a las inagotables fuerzas de ella. Es capaz de derretir corazas de hielo que me rodean, de quitar cada una de las piedras de mi camino (aunque sean muchas y sus manos sean pequeñas), consigue diluir miradas que me atraviesan y restarle importancia a los problemas que he tenido. Ella es ese hombro empapado, esas tardes frías de desamores, esas victorias conseguidas, esas enfermedades con sopa, esa herida con tirita y esos silencios con caricias en el pelo que sanan realidades.
Ahora que ya no es la primera cara que veo al despertarme me doy cuenta que esos dos hermosos ojos entre verdes y amarillos, son todo lo que necesito para saber que puedo comerme el mundo. Por todas esas veces que pacientemente esperaste a que cayera para más tarde recogerme y por todas otras tantas que me animaste a conseguir quimeras, te mereces que te agradezca todo lo que he conseguido y que te regale todo lo que soy.
Sé que por mucho que crezca, soy una de tus niñas y que mi nuca seguirá recordándote esos momentos en los que entre tus brazos me arrullabas y que por mucho que pase el tiempo, tu perfume, tu voz y tus palabras llenaran los recuerdos más bonitos de mi vida. Una alegría, cuando sé que puedo compartirla contigo, duplica mi felicidad y una decepción se apacigua si son tus manos las que me consuelan. Madre solo hay una y yo no podría estar más orgullosa de la mía.
Ella es guerrera, inagotable. La mujer más luchadora que conozco. Por todo lo que me ha dado y por todo lo que ha callado, ahora es mi turno, ya puede descansar entre mis brazos y en el de mis hermanos. Ahora nos toca cuidar de ella (aunque no se deje) y devolverle todo lo que ha hecho por nosotros.
lunes, 18 de abril de 2011
Fa.Tología
Me contradigo en cada paso y es que lo pienso no es lo que hago, pero qué le vamos a hacer, te advertí esto mucho antes de besarnos. Fue mi carta de presentación:
- Mujer (o intento de ello) con trastorno bipolar y con miedos al compromiso y a vivir sin él.
- Con síndrome de diógenes, con tendencias a recoger los deshechos humanos y tratar de reconstruirlos (aunque esta psicopatología está desapareciendo, gracias, probablemente, al hecho de que va creciendo).
- Con alzheimer selectivo y gastroenteritis lepidóptera crónica.
- Enamoradiza, racional y visceral que contagia con daño colateral al que no toma precauciones a su lado.
- Infecciosa y enfermiza.
- En caso de ingerir no hay metadona que valga para reducir la sensación de adicción.
- Provoca dolor de cabeza, retortijón y escozor de estómago.
- Con agorafobia y necesidad de compartir espacios pequeños con alguien.
- Tendencia a la soledad a la par que tiene miedo de ella.
- Difícil trato, requiere paciencia.
- Le calma la música, cosquillas en la espalda, besos en la barbilla, acariciarle el pelo, posar su cabeza en tus piernas, la respiración de tu barriga, los sonidos de tus tripas, que le mordisquees el cuello y que le cuentes cuentos.
- Le agobian las correas, pero si la dejas suelta, saldrá corriendo, así que lo mejor es una convivencia donde la cuerda sea lo suficientemente larga para que ella no se de cuenta que en realidad, está atada.
Pero toda esta carta que te dejé a modo de advertencia pegada a la nevera, la puedes romper porque a pesar de lo que diga mi perfil médico, la medicina más efectiva es aquella que me quita los miedos. Entonces, todas mis patalogías se reducen a un mal humor unos días al mes y a un poco de estrés en época de exámenes.
martes, 5 de abril de 2011
Aclarado esto:
Después de tanto dilatar argumentos, que de largos, se quedan en sinsentido, he de aclarar dos puntos claves e intachables de lo que a mi persona se refiere: el primero, mis ojos son bonitos bajo tu criterio, no me olvido que del emisor al receptor siempre hay un medio que determina la efectividad del mensaje, así que si ves algo especial en mis ojos, es porque estás leyendo a la perfección lo que te quieren gritar. Segundo, mis ojos son verdes, ni grises cuando estoy triste, ni amarillos por el sol. Mis ojos son de un verde estable, si alguna vez cambia su tonalidad es por la culpa de mi corazón, que bombea más sangre cuando te ve y tal vez pigmenta de otro verdor lo que de por sí es inamovible, lo que me lleva a pensar en el poder de tu presencia. Si están más grisáceos es porque los motivos por los que vivo se esconden y relentecen mi pulso. Si tal vez, los ves amarillos, es que me vuelvo gata y juego al escondite en callejones esperando ver pasar mi cena, que si hay suerte será atún de algún solitario que tiene miedo a las mascotas pero alimenta a las de todo el barrio o un ratón que araña escombros entre los rincones del cubo de basura.
Me veo obligada a aclararlo porque después de un análisis exhaustivo de mis relaciones personales con el resto de seres vivo, he llegado a la conclusión, que tal vez con el tiempo me he enredado en premisas que nadie entiende y que siempre acaban en malinterpretaciones.
miércoles, 30 de marzo de 2011
No volveré a sentirme extraña aunque no me llegue a conocer
Saltar una piedra no es simplemente un trabajo muscular, requiere paciencia, persistencia, ambición, coraje y optimismo y es solo un instante, es tan solo un momento, en el que nos sentimos capaces y nos impulsamos. No puedo dejar pasar esa milésima en la que me siento tan grande, que creo que puedo cambiar mi vida a mi antojo.
lunes, 28 de marzo de 2011
Shhh...
Mis pestañas se pelean y se niegan a entrelazarse entre hilos que me sumen en la inmensa negrura de los sueños. Como antagonistas, la gran ola que adorna el párpado no quiere bañar la costa de mi lacrimal y así me mantienen en alerta, volviendo rojo mi iris de desesperación. Me niego a ver el mundo, solo quiero inventármelo con ojos cerrados y que mi imaginación arregle los desatinos voraces que me rodean, sin embargo, bajo un enigmático plan que no atino a desenmascarar, la vida me persigue para que me meta en ella y no me evada de su pentagrama. Sin darme cuenta ya formo parte de la hegemonía de la homogeneidad y cuando quiero salir, aunque sea en quimeras, mis ojos no se cierran y me dejan descansar.
martes, 22 de marzo de 2011
Vaivén
No será ningún “pero” ni ningún “pues es que” el que rebata la certeza más absoluta e inapelable que existe: tus pies nunca pueden descansar. Tienen ese temblor que hace sísmica mi vida, que derrama todo los vasos de la mesa y que acuna cada uno de mis sueños. Podré decirte mil veces que los dejes dormir, que de vez en cuando quieren dejar de dar esos incesantes botitos que desesperan a cualquiera que hagas moverse a tu son, pero la verdad, que tus pies en su hiperactividad, marcan el ritmo de mi corazón. Reconozco que de vez en cuando entorpecen mi calma, pero no hay tranquilidad mejor desaprovechada que con la epinefrina que desborda tu pálpito. Cuando estás en ebullición, revuelto, entusiasmado, con ese inagotable chachachá, cuando mueves tus pies, entonces, alegras mi vida. Y es cuando cierro con fuerza los ojos, no en cabreo, sino en obstinación y deseo con cada pestaña y arruga que me verás salir, que nunca, jamás pare el alboroto de tus pies.
jueves, 3 de febrero de 2011
Doce campanadas.
Entre el espacio vacío que queda entre tus labios me sumerjo en un submarino de suspiros que atraviesan tus dientes como cuarzos que acicalan cada palabra que regalas. Me enredo con tu lengua y floto en tu agua, nadando con delfines que traviesos me engañan. Doy las doce campanadas que auguran un nuevo año y me como las uvas. Una por tus miedos y desplantes, dos por lo que fuimos y encontramos juntos, tres por mi paciencia y cuatro y cinco por lo que nos acerca. Seis por lo que me enseñaste, siete por lo que fui contigo, ocho y nueve por el espacio que nos distancia y diez por lo que mentimos. Las últimas me las guardo por si las otras no crecen y así planto sus pipas entre muelas y agravios esperando que me dejes regarlas. Quién sabe si después tenemos un exquisito vino con el que cenar o acompañar infinitas palabras que se desordenan en el pentagrama de tu voz. Si tan solo cierro los ojos un instante, te veo cumpliendo cada desvarío que me dicta mi cabeza, caminando enormes senderos sin rumbo que nos pierde y nos encuentra. Solo pido que seas tú, para poder ser yo, cocer un hilo inmenso que acerque nuestras diferencias y tejer una misma manta que nos esconda. Debajo de ella una linterna y mil historias.
miércoles, 2 de febrero de 2011
sin Norte
Probablemente sea mi mala orientación, que no nací con el Norte en el eje y sea por esto que siempre me pierdo intentando llegar a un sitio. Tengo la costumbre de ir siempre por el camino más largo y no es que me disguste, a veces descubro cosas maravillosas en mi nueva ruta, pero muchas otras llego más cansada, es normal, me suele pasar constantemente. Me irrita que mi cabeza sea incapaz de olvidarte y sin embargo no recuerde como llegar a casa y ya no solo me pasa ebria que arrincono mis penas, sino en mi abstemia y soledad. Tal vez debería formatear mi disco blando, que el duro se ha quedado en cachitos de metal y así tal vez encuentre otros derroteros directos que no me desvíen y desvivan en el intento. Confesar que no suelo encontrar la aurora boreal porque acabo en el antártico convierte mi enajenación en una rutina hastiada y apaleada que pocas veces al día me deja respirar, pero qué le vamos a hacer, no nací para llegar la primera. Supongo que lo importante es llegar y en eso nunca fallo, así que aunque mi brújula ande atrofiada suelo encontrar el camino alternativo que me lleva a mi lar.
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